ENTREVISTA PUBLICADA EN LISTÍN DIARIO (MARTES 2 DE FEBRERO)

 

Sin importar el camino que elija al concluir la escuela, un estudiante necesita destrezas que van más allá del manejo de contenidos. Solo así podrá desenvolverse con éxito en un mundo competitivo.

Esto se vuelve particularmente relevante para quienes ingresan al mercado productivo al concluir la escuela, ya sea que combinen el trabajo con sus estudios universitarios o no.

“Mientras más entrenado o capacitado estás cuando sales del colegio, más caminos se te abren”, afirma el educador Alci Cruz

La educación, insiste, debe moverse de la memorización de contenidos al desarrollo de habilidades.

“No es que vamos a quitarle valor a los contenidos, sino que tenemos que darle protagonismo al desarrollo de destrezas para que esos contenidos se apliquen en la resolución de problemas y en agregar valor a la vida de la gente”, argumenta.

Cruz cita cuatro destrezas fundamentales que aumentan las posibilidades en el mercado laboral del siglo XXI y que las escuelas deben promover entre sus estudiantes: pensamiento crítico, creatividad, comunicación y colaboración.

Claro que centrarse en el desarrollo de estas habilidades conlleva tanto un cambio de visión como de ejecución.

“Obviamente, es más complejo a la hora de evaluar”, admite el director de Comunidad Educativa Conexus, “pero es mucho más rico a la hora de resultados”.

El nuevo paradigma requiere gran compromiso de parte de los maestros, e igualmente de las familias, un hecho que ha quedado demostrado con el modelo de enseñanza impuesto por la pandemia, en el que padres y tutores tienen mayor participación que antes.

Cómo ayudar a los hijos a desarrollar el pensamiento crítico

En casa, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades tan importantes como el pensamiento crítico. ¿De qué manera? Por medio de la formulación de preguntas.

“La pregunta es el canal, el vehículo, que me permite propiciar el pensamiento en mi hijo o mi hija, no importando la edad que tenga, en torno a cualquier circunstancia”, explica el educador formado en el tema de design thinking.

Las preguntas deben ser siempre abiertas (no se responden con un “sí” o un “no”). Cruz recomienda que comiencen con la frase “¿Cómo tú piensas que…?”. Por ejemplo, “¿Cómo tú piensas que pueden reducirse los casos de covid en República Dominicana?”.

Cuando el menor da su respuesta es imprescindible escuchar, lo que sea que diga, sin juzgar. Luego de escucharlo, Cruz sugiere decirle algo como “Qué interesante”, expresión que no denota ni aprobación ni rechazo, y a seguidas añadir: “Busquemos juntos más datos sobre eso”.

“De esa manera”, expone Cruz, “ese diálogo no se acaba, yo estoy validando lo que dijo mi hijo o mi hija, y estoy promoviendo el desarrollo del pensamiento crítico. De hecho, lo estoy promoviendo más de lo que yo imagino, porque si ese chico respondió, quiere decir que esa pregunta llegó, va a permitir que al próximo día él pueda hacerse esa pregunta por sí solo de nuevo y que pueda hacerse ese hábito de hacerse preguntas continuamente”.

Pero para llegar a este punto hay que romper con el esquema tradicional en que el adulto impone las respuestas. Y esa apertura tiene que darse tanto en padres como maestros.

“El cambio de mentalidad en la educación en el siglo XXI tiene que darse más en los adultos que en los estudiantes”, dice al respecto Cruz. “Mi experiencia en educación me ha demostrado que los estudiantes están muchísimo más claros que los adultos de lo que necesitan”.

Otra de las destrezas valoradas en el mundo de hoy, la creatividad, ha encontrado una especie de trampolín en las circunstancias impuestas por la pandemia. Durante la cuarentena, al estar encerradas, muchas familias han tenido que inventar qué hacer y cómo hacerlo.

Algo similar pasó con el trabajo colaborativo, esa acción de trabajar con otra persona en función de un objetivo común. El distanciamiento impulsó la colaboración digital tanto en el trabajo como en la educación.

¿Cuestión de recursos?

Aunque siempre habrá brechas sociales y educativas, Cruz considera que la mentalidad en cuanto a cómo se debe hacer el abordaje del proceso educativo no depende de los recursos materiales.

“La plata no determina el aprendizaje”, asegura. “No necesariamente necesitamos cuantiosos recursos para tener logros de aprendizaje. Sí hay un punto medular aquí que es la brecha digital o el acceso a la información”.

Además, la lista de destrezas clave para el mercado laboral de hoy incluye un enfoque global, el dominio de varios idiomas (no solo el inglés) y el uso positivo de la tecnología.

Al final del proceso, de acuerdo con Cruz, se busca que el estudiante deje de ser consumidor de contenidos y se convierta en creador de contenidos.

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