En el trayecto de nuestro neurodesarrollo como seres humanos, no importando las diferencias humanas, existe una etapa que completa un ciclo primario de nuestra existencia: la adolescencia.

Por Dra. Rosalba Gautreaux Betancourt
Psicóloga Escolar
Neuropsicopedagogía

En el trayecto de nuestro neurodesarrollo como seres humanos, no importando las diferencias humanas, existe una etapa que completa un ciclo primario de nuestra existencia: la adolescencia.

La materia gris incrementa su volumen durante las edades más tempranas, pero durante la pubertad comienza a disminuir y adelgazarse, lo cual se correlaciona con el progreso de habilidades cognitivas o de razonamiento. Se puede asumir que este proceso podría reflejar una organización más eficiente del cerebro ya que podría está acelerando la velocidad de transmisión de las señales cerebrales y esto incrementar el proceso de creación de mielina.

Pero ¿cómo puedo lidiar con estas diferencias en este trayecto de la crianza? No es tan difícil. A continuación 4 puntos fundamentales.

1. Debemos recordar que ya nosotros, los padres y criadores, pasamos previamente por esta etapa, aunque en algunos sistemas cerebrales existe un mecanismo protector que nos hace olvidar, probablemente por el significante emocional que entendemos tuvo un recuerdo en esa época o porque tal vez nos sentimos muy maduros.

Recuerda que tu hijo/a no eres tú, no vive las mismas experiencias ni tendrá los mismos resultados. Ellos lo saben y debes, como padre/madre, aprender a reconocerlo; es esencial para su relación actual con él o ella.

2. Debemos comprender que no es un complot ni una teoría de conspiración que tienen nuestros hijos en contra nuestra, para llevarnos la contraria en todo y no hacer lo que les decimos. En la adolescencia es justo cuando nuestro cerebro se sobre dimensiona y quiere observar hasta donde es capaz de llegar con respecto a los límites que se les imponen.

Es por esto que debemos trabajarlo en edades previas a través del diálogo, las claras y naturales consecuencias de los actos y sobre todo un vínculo basado en la confianza del respeto y el amor incondicional.

3.Debemos aceptar, que aunque no en todos los casos, la mayoría de las veces La Adolescencia se manifiesta como una época conflictiva y dramática, por lo que debemos visualizar que todos esos aspectos pasarán, no serán permanentes, así que nuestra actitud debe ser de no caer en el juego dramático que nos proponen, sino estar a la expectativa de actuar en base a lo que somos (adultos con experiencia de vida) en donde a través de la comprensión de esta necesidad que tienen nuestros hijos de vivir con intensidad las emociones, nosotros sin minimizarlas o maximizarlas podamos ser lo más objetivos posible para asegurar la zapata de la próxima etapa que nos tocará vivir con ellos, la adultez temprana, en donde solo nos toca ser acompañantes. Este vínculo hay que crearlo previamente.

Recuerda tener, más que paciencia, sabiduría; ya que los tres grandes retos de tus hijos en esta etapa son: Aprender a Manejar sus emociones, Comunicarse Asertivamente y Tomar decisiones asertivas.

Finalmente debemos saber que los cambios más importantes que se dan en el cerebro durante la adolescencia no están asociados al desarrollo de regiones cerebrales sino a un proceso de reorganización. Estos cambios se dan, principalmente, en la corteza pre frontal y en el sistema límbico o emocional.

Hay que reconocer que por múltiples factores en estas edades igualmente nuestros hijos se encuentran más vulnerables y deben aprender a reconocer y lidiar con los riesgos propios de los aspectos sociales, pero esto, más allá de ser un gran problema, pueden convertirse, si las sabemos aprovechar, en las grandes oportunidades para que lleguen a ser seres resilientes y que puedan generar una plasticidad neuronal que los lleve a la madurez activa de su cerebro y a un equilibrio fundamental y necesario en la vida adulta que se refleja directamente en la toma de decisiones asertivas para su vida.

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